lunes, octubre 13, 2008

Un poco de orden, por favor


El desorden en el tránsito se ha desbordado y actualmente constituye una amenaza de proporciones verdaderamente alarmantes. La ley 241, que regula el tránsito de vehículos y peatones en nuestras calles es letra muerta y la autoridad es la única responsable de que eso sea así.

Nuestra autoridad policial de Amet está acostumbrada a realizar operativos, vale decir, a actuar persiguiendo al infractor en lugares seleccionados y durante el tiempo que dure el operativo. La misma infracción sancionada en el operativo, no tendrá sanción si se comete una cuadra antes o después, o minutos antes o después del lugar y el momento en los cuales se montó el operativo.

Es importante señalar que los operativos se realizan para perseguir infracciones previamente establecidas, de manera que si el operativo es para perseguir motoristas en el túnel, cualquier otra infracción tiene altas posibilidades de pasar inadvertida.

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Fuera de los operativos, que son intervenciones aparatosas con participación de muchos agentes y algunos oficiales, la pareja de policías de Amet que se encuentra en las esquinas, se limita a perseguir a los mansos. Manso es aquel conductor que comete infracciones propias de las personas civilizadas, como son hablar por el celular, pisar la raya de Pare, no tener el cinturón abrochado o no haber pagado el impuesto de la Revista.

Esos dos o tres policías de Amet que se encuentran en las esquinas de nuestras calles son incapaces de lidiar con el salvaje. La falta de autoridad, la falta de recursos humanos, físicos y tecnológicos, les reduce la capacidad para enfrentar a aquel que comete infracciones propias de salvajes, es decir, de personas no civilizadas, como son el pasarse adrede un semáforo en rojo, el tomar la vía contraria para adelantarse a todos en una intersección o el convertir en carril de giro al carril que está establecido como de tránsito directo.

Si el manso está esperando su turno en el semáforo, y ve que viene el policía con intenciones de ponerle una multa por el celular, y decide convertirse en salvaje y cruzar en rojo, tiene muy altas probabilidades de salir impune.

Si el manso está esperando su turno en la intersección y un salvaje viniendo en vía contraria se le adelanta, el policía no lo perseguirá e incluso le dará paso en primer turno, si es que está controlando la intersección, con lo cual premia al salvaje y castiga al manso.
La señal que se envía es que debemos ser salvajes para salir impunes y exitosos; y ese camino nos autodestruye.

La Amet debe perseguir todas las infracciones y debe hacerlo de manera continua en el espacio y en el tiempo. Si no se tiene los recursos para perseguir de ese modo, entonces debe reducir su radio de acción para ser más efectiva y dar prioridad a la persecución del salvaje. Mientras haya salvajes impunes, es una burla irritante multar al que pisó la raya de Pare.

Civilicemos al salvaje.


Mario Bergés
Centro Juan XXIII
m.berges@centrojuanxxiii.org



Publicado en el Hoy el dia 12 de octubre de 2008

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