sábado, julio 26, 2008

Jacinto Amparo

Tengo una parcelita en las raices de nuestra historia como familia. Una pequeña porción de terreno de 26 tareas, que son unos 16,000 metros cuadrados, situadas en la zona del Bajo Yuna, entre Pimentel y Hostos, al norte del Rio Yuna.

A principios del siglo pasado, mi bisabuelo, Don Julian Chupani, llegó a tener 2,000 tareas de tierra en esa zona.

A mi me han llegado esas 26 tareas y las tengo sembradas de limones, aguacates y plátanos básicamente; aunque también hay algunas cahobas, cajuiles y naranjas.

La parcela se encuentra en la comunidad de María Hernandez, una sección de unas 25 familias, perteneciente a Sabana Grande de Hostos, Provincia Duarte, República Dominicana.

Es una comunidad campesina virgen aún, que no conoce el "colmadón" ni el "motoconcho", en donde la vida transcurre sin prisas, a su paso; y al dialogar, entre frases y frases, se abre siempre un espacio para la reflexión, para que lo dicho por el otro me toque.

Para llegar a lo mío debo pasar por entre las casas de Ramona a un lado y Jacinto al otro.

Generalmente voy a la parcela con mi tio Enrique una vez al mes. La última vez fue el pasado viernes 18 de Julio. En esa ocasión, mi tío se hizo acompañar de tía Estela, su esposa, porque habíamos sido avisados que Jacinto, nuestro vecino, había muerto y mi tía quería presentar también sus condolencias a los deudos.

La casa de Jacinto estaba limpia y recién pintada. Al entrar, un lienzo blanco con un lazo negro en forma de cruz marcaba la entrada en el dintel de la puerta, y ya fuera con esa intención o no, lo cierto es que al momento de entrar, el lienzo obligaba a hacer la reverencia.

En la pequeña sala habían levantado un altar con la foto de Jacinto en el centro y a su lado coronas de arreglos florales y flores silvestres. Un grupo de sillas bien dispuestas acomodaban a la viuda, las hijas y las visitas de amigos y vecinos que se sucedían presentando sus condolencias durante los nueve días de la vela.

Afuera, en el patio de un lado de la casa, los hijos y los hombres debajo de un mango frondoso compartían. En el otro patio, la familia había dispuesto una carpa que daría protección contra el sol y la lluvia durante los rezos del noveno día, momento en el cual la comunidad despide al difunto.

Al llegar presentamos nuestras condolencias a la viuda y a la familia y entregamos café y azucar como un humilde aporte solidario a la vela del difunto.

Como parte del ritual de la vela fuimos invitados a almorzar y habilitaron una mesa bajo la sombra del mango frondoso en donde almorzamos un riquísimo locrio de cerdo, ensalada verde y fritos de plátanos verdes.

Jacinto Amparo fue un buen hombre. Paz a sus restos.


Casa de Jacinto



Entrada de la casa con el lienzo y el lazo en forma de cruz




La mesa bajo el mango



Ramona y su hija. En otra entrada hablaré de esta extraordinaria mujer dominicana.

2 comentarios:

Sarah dijo...

Hola, me interesó mucho lo que escribió aquí. Soy Sarah, la voluntaria de Cuerpo de Paz en Sabana Grande hasta mayo 2009. ¿Ud. me conoce?

quijoteurbano dijo...

Sarah:
No creo conocerte, pero me interesaría hacerlo.
Mi familia es de la zona de Sabana Grande y mi historia familiar está unida a toda esa región.
Mi correo electrónico es:
quijoteurbano@gmail.com
Mi teléfono celular es 809 796-6710
Ojalá me contactes.
Mario