¿Qué haré con estos besos, pequeñitos y tiernos...?
Para mí que son algo más que chocolate!!
Quijote..., por mis molinos y mi Dulcinea. Urbano, porque la ciudad me llena de vida. Soy resueltamente urbano.





Ya condenada a muerte, salió de la Fortaleza Ozama rumbo al Cementerio de la Independencia donde se cumpliría la sentencia. La conducía el pelotón de fusilamiento y al pasar por la Puerta del Conde se le oyó decir: “Dios mío, hágase en mí tu voluntad y sálvese la República”. Era el 27 de febrero de 1845, exactamente un año después de la Independencia Nacional y María Trinidad Sánchez, una señora de sesenta años cumplidos, caminaba hacia la muerte, al decir de la sentencia, por haberse negado a delatar a los patriotas. Mujer brava y de una sola pieza.
Seguir leyendo....Apenas un mes después de nuestra Independencia, se libró la batalla del 30 de Marzo en Santiago de los Caballeros. Testigos oculares nos cuentan de una mujer que en repetidas ocasiones fue al río en busca de agua para las tropas y para enfriar los cañones de nuestra artillería. Los mismos testigos aseguran que esa mujer alentaba a los combatientes, les llevaba pólvora en su delantal o en su pañuelo a los artilleros y les cantaba coplas de amor a los soldados para mantenerlos alegres y valerosos. Juana Trinidad, nuestra Juana Saltitopa, fue mujer brava entre soldados.
El monstruo no resiste una verdad dicha con pureza. Para la dictadura de Trujillo esa verdad fue dicha por Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, con la pureza propia de los mártires. A partir de ese momento el monstruo tenía los días contados. Lo mejor de nosotros como pueblo se expresó en ellas y son la referencia más cercana y pura de la dominicanidad. Mujeres bravas de los altares de la patria.
Somos un pueblo joven, con menos de doscientos años de vida republicana y sin grandes leyendas que lo unifiquen. Recién estamos construyendo las leyendas que nos unificarán en el futuro. Algún día se dirá: “Es un pueblo de mujeres bravas”.
Y es que también ahora, en nuestro día a día, abundan los ejemplos que ayudan a tejer la leyenda.
La matrícula de las universidades es predominante femenina. Las mujeres estudian y se preparan mientras el hombre anda tras el dinero fácil y el mínimo esfuerzo.
La mujer está asumiendo un rol cada vez más activo en la sociedad sin dejar su rol en la familia, en donde muchas veces lo asume sola, sin el concurso del padre, quien no acaba de entender que la responsabilidad que se asume al engendrar un hijo, en términos prácticos, sólo termina con la muerte.
Unificar a un pueblo que ha sido tradicionalmente pastoreado hacia el individualismo no es tarea sencilla. Dicen los poetas que es necesaria una canción. Esa canción hoy la vienen cantando las mujeres. Una canción que habla de patriotismo, de entrega, de dignidad, de solidaridad, de integración sin exclusiones, de desarrollo con equidad, de vida plena en esta patria.
Patria, Minerva, María Teresa y tantas otras que están en los altares de la patria, interceden activamente por nosotros.
Sigamos ese ejemplo, cantemos la canción.
Sul mare luccica l’astro d’argento.
Placida è l’onda, prospero è il vento.
Sul mare luccica l’astro d’argento.
Placida è l’onda, prospero è il vento.
Venite all’agile barchetta mia,
Santa Lucia! Santa Lucia!
Venite all’agile barchetta mia,
Santa Lucia! Santa Lucia!
Con questo zeffiro, così soave,
Oh, com’è bello star sulla nave!
Con questo zeffiro, così soave,
Oh, com’è bello star sulla nave!
Su passegieri, venite via!
Santa Lucia! Santa Lucia!
Su passegieri, venite via!
Santa Lucia! Santa Lucia!
In fra le tende, bandir la cena
In una sera così serena,
In fra le tende, bandir la cena
In una sera così serena,
Chi non dimanda, chi non desia.
Santa Lucia! Santa Lucia!
Chi non dimanda, chi non desia.
Santa Lucia! Santa Lucia!
Mare sì placida, vento sì caro,
Scordar fa i triboli al marinaro,
Mare sì placida, vento sì caro,
Scordar fa i triboli al marinaro,
E va gridando con allegria,
Santa Lucia! Santa Lucia!
E va gridando con allegria,
Santa Lucia! Santa Lucia!
O dolce Napoli, o suol beato,
Ove sorridere volle il creato,
O dolce Napoli, o suol beato,
Ove sorridere volle il creato,
Tu sei l'impero dell’armonia,
Santa Lucia! Santa Lucia!
Tu sei l'impero dell’armonia,
Santa Lucia! Santa Lucia!
Or che tardate? Bella è la sera.
Spira un’auretta fresca e leggiera.
Or che tardate? Bella è la sera.
Spira un’auretta fresca e leggiera.
Venite all’agile barchetta mia,
Santa Lucia! Santa Lucia!
Venite all’agile barchetta mia,
Santa Lucia! Santa Lucia!

Tamara Arze, que desapareció al año y medio de edad, no fue a parar a manos militares. Está en un pueblo suburbano, en casa de la buena gente que la recogió cuando quedó tirada por ahí. A pedido de la madre, las Abuelas de Plaza de Mayo emprendieron la búsqueda. Contaban con pocas pistas. Al cabo de un largo y complicado rastreo, la han encontrado. Cada mañana, Tamara vende querosén en un carro tirado por un caballo, pero no se queja de su suerte; y al principio no quiere ni oír hablar de su madre verdadera. Muy de a poco las abuelas le van explicando que ella es hija de Rosa, una obrera boliviana que jamás la abandonó. Que una noche su madre fue capturada a la salida de la fábrica, en Buenos Aires...
Rosa fue torturada, bajo control de un médico que mandaba parar, y violada, y fusilada con balas de fogueo. Pasó ocho años presa, sin proceso ni explicaciones, hasta que el año pasado la expulsaron de la Argentina. Ahora, en el aeropuerto de Lima, espera. Por encima de los Andes, su hija Tamara viene volando hacia ella.
Tamara viaja acompañada por dos abuelas que la encontraron. Devora todo lo que le sirven en el avión, sin dejar una miga de pan ni un grano de azúcar.
En Lima, Rosa y Tamara se descubren. Se miran al espejo, juntas, y son idénticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos lunares en los mismos lugares.
Cuando llega la noche, Rosa baña a su hija. Al acostarla, le siente un olor lechoso, dulzón; y vuelve a bañarla. Y otra vez. Y por más jabón que le mete, no hay manera de quitarle ese olor. Es un olor raro... Y de pronto, Rosa recuerda. Éste es el olor de los bebitos cuando acaban de mamar: Tamara tiene diez años y esta noche huele a recién nacida.
Eduardo Galeano


Digo tu nombre, mar, tu nombre ardido
de soles y de júbilo creciente,
y el corazón enamorado siente
más clara la presencia del latido.
Velero que navega repetido
por los quietos espejos de la frente,
regresa tu paisaje lentamente
como si retornara del olvido.
Y surge tu comarca marinera
con una trashumante primavera
de espumas en la mano de cristal.
Y tu voz de colores, y tu alada
corona de blancura trabajada
en gaviotas y pétalos de sal.
Meira Delmar
Dominicana y Puerto Rico, islas caribeñas, conocen la mar.
Hoy cumple años Enid, entrañable amiga puertorriqueña que conocí en Nairobi, Kenya.
Este soneto marinero de Meira Delmar es un regalo para mi amiga caribeña.
Felicidades!!



